En diversas ocasiones escuché comentar entre docentes de las universidades tanto públicas como privadas, que la demanda de los bachilleres ha bajado en los últimos 5 años en las carreras de Ciencias de la Educación. Si hacemos un recuento estadístico actual de las universidades localizaremos que hay: 7 carreras de Ciencias de la Educación en las Universidades Estatales Publicas y 12 en las Universidades Privadas, siendo un total de 19 carreras, con una matrícula de 400 estudiantes por universidad que hace un promedio de 8.000 inscritos por año. (Guía de Universidades/ Min. Educación y Culturas, 2009).
Lo delicado del asunto es el empleo de los futuros Cientistas de la Educación cuando no se vislumbran políticas públicas claras del gobierno ni del sector privado sobre el mercado de absorción de profesionales de este rubro.
El Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA. 2012) ha publicado últimamente una investigación que señala el enorme vacío de ofertas de empleo en la región, por supuesto que involucra nuestro país, sobre profesionales de las Ciencias Sociales.
El tema de la desocupación de los jóvenes profesionales en nuestro medio es tan preocupante que se corre el riesgo de acrecentar los “ni – ni” (jóvenes que ni trabajan ni estudian.
Sin embargo, observamos la propaganda de universidades que ofertan carreras cortas de Ciencias de la Educación a menor tiempo académico, menos materias en la malla curricular, titulación con especialidad y trabajo seguro en el mercado de profesionales, diplomados en ascenso, postgrados y postítulos en maestría para mejorar la calidad de la enseñanza, y otras tentadoras graduaciones por excelencia.